martes, 21 de julio de 2009
Introducción a Lucas y a su evento gastronomico
Mi relación con Lucas empezó hace 13 años, cuando al
entrar en la cocina de mi primo-vecino, este me dice
“Mira, te presento a Lucas”. Lo primero que pensé fue,
“que raro, mi primo no es objetor de conciencia, ¿Qué
hace con este subnormal?, ¿y en su casa? ¿No se supone
que se lo debería llevar a un parque hasta que se le
caiga el helado y luego llevarle de vuelta a su
casa?”.
Yo andaba equivocado, a medias, Lucas era un
subnormal, pero además un Makarra, y escribo Makarra
con K porque los macarras con C no le llegaban ni a
los tarzanetes entre los dedos de los pies. Conducía
un “for” fiesta, negro – ingle de grillo, con una
bandeja de madera hecha a medida para los altavoces un
equipo de música, “por lo menos tapiza la bandeja, o
tinta los cristales de atrás y lo haces furgoneta de
reparto, pero haz algo, que con esas maderas a la
vista, parece que al afilador le ha tocado la
primitiva, pensaba yo”. De ahí pasó a un Suzuki Swift
que llevaba a dos ruedas. Si alguien se merece la
medalla de oro al merito en le trabajo, es ese coche.
El Macará este lo llevaba a 5.000 vueltas en parado, y
circulaba a partir de 7.000.
De ahí todo fue a peor, nos fuimos haciendo amigos
hasta el punto que una noche de copas nos calentamos
hablando de comida, nos fuimos a nuestras respectivas
casas a dormir un par de horas y de ahí a La Rioja a
primera hora. Debo comentar que al despertarme para el
viaje, a oscuras, me calcé un náutico de verano y otro
de invierno, por lo que me pasé sábado y domingo
cojeando. Ibamos por la calle Laurel pareciendo un
caballo español y su jinete por ahí de bares.
Al tema. Total que me empieza a comentar que tenía eso
del “ñasca”. Empezó a no hacer cosas y a faltar a
otras porque tenía “ñasca”. Yo pensaba “ñasca=regla”.
Una vez al mes y no puede venir porque lo tiene….
Con el tiempo, fui entendiendo más, y vi que en
realidad era solo una reunión de gente sería, y que
debía dejar de preocuparme pensando cuanto le dolería
a Lucas ponerse un Tampax o similar por “el ñasca”, y
que tenia que parar de mirarle los pezones a ver si se
notaba algo debajo de su camisa los días de “ñasca”.
Menos mal que era falsa alarma, yo pensaba que un día
abriría una de sus maletas y encontraría un secador, o
algo peor “un hidratante”.
Un día estoy en la oficina, media pantalla del
ordenador con Edmundo.es, media con superzorras.pumba,
en una mano un güisqui y con la otra dándome reflejos
en los pelos de las canicas, cuando entra Lucas, y me
dice “te acuerdas de mi amigo el del “ñasca””, “no”
“pues le he dado tu despacho y tu plaza de garaje”
“ah, vale, gracias”. Reaccioné mal, porque tenía que
haberle dicho, “le voy a mandar unas flores a tu amigo
el del ñascamelos, dame su dirección”, y entonces
entraría en su casa por la noche a mearle el alma,
previa violación de su perro, y postit en la mesillas
de sus niños diciendo: “los reyes son los padres,
tienes derecho a mucha mas paga, el coche de tu papá
es de frutero, cuando la puerta de papa y mama se
cierre entra sin llamar, tu padre no te quiere y le
han visto en la rivera maya corriendo de la mano por
la playa con Camilo Sesto con la camisa sin abrochar”
Así que al estar mis días contados en la empresa,
sabed que a un empleado se le puede bajar el sueldo,
se le puede mandar a trabajar a 25 km, se le puede
hacer aprender un sistema complicado de cojones para
usarlo solo 2 años, se le puede llevar al cine a su
hija, ponerle a vivir un yonki en el despacho, en su
casa, que coño, escupirle en el interior de las gafas,
tacharle los boletos de la primitiva…pero tocarle la
plaza de garaje…eso NO.
Por fin llega el día en que voy a conocer al cabrón
ese del Ñasca. Me preparo detrás de la puerta, con un
bate de béisbol y atada una tetera llena de agua a la
temperatura que más cabreada la pone, el tío entra en
el despacho de Lucas, y cuando le voy a meter el bate
hasta la epiglotis, suelta “por qué no te traes a tu
amigo al ñasca”. Me paro en seco, me mira, mira el
bate y nos quedamos quietos. Por fin reacciono, sirvo
dos tazas con la tetera y comento “es la única manera
de no quemarse, encantado yo soy Borja”, y me voy.
Tras un par de semanas poniéndole sobres de ketchup
bajo las ruedas, una pelotilla en cada tecla del
ordenador, meando la tapa del wc hasta que se formaba
croquetilla, y poniendo anuncios en todos los
periódicos vendiendo su coche por 350€, por fin llega
el día y me dicen, “¿te vienes al ñasca?”
Me sentí una colilla en un riachuelito de mierda
corriendo paralelo a las vías del metro. “¿Cómo podía
ser superior a mi ese extraño ser que me arrebataba el
despacho, mi plaza, mi dignidad?”, me sentía débil,
inferior, me había vencido, me había incluido en sus
planes, mientras que yo solo pensaba en seguir
meándole los cafés, escribiendo su numero en los baños
de las gasolineras, y diciéndole a la policía que Bin
Laden va a hacer elíptica a su casa todos los martes y
jueves.
De la guantera de la miseria, brotó una flor; “lo voy
a hacer en el Ocra”. Amigos, teníais que haber visto
mi cara: Parecía esa que poníamos cuando tu padre
castigaba a un hermano, la que pones cuando echan al
pasillo a un tonto de clase que te cae mal y ves por
la ventana pasar al jefe de estudios en esa dirección.
Me entraban temblores de ansiedad parecidos a esos que
notas en la agraciada mano que va a ser la que tocará
la primera teta de tu vida (todos deberíamos llevar
una esclava con placa en esa mano con la inscripción
de la fecha, hora, lugar y teta que tocó)
“Así que en el Ocra…”, pensé yo “Nada más que en el
Ocra…”
Continuará
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